“Me siento inquieta, irritable y siento que todos los días de mi vida son iguales…”
¿Te pasa esto a ti?
Te levantas cansada, con una sensación de nudo en el pecho.
No sabes muy bien por qué, pero estás irritable, nerviosa, como si algo malo pudiera pasar en cualquier momento.
Nada te ilusiona demasiado y, aunque tu vida “en teoría” está bien, por dentro no te sientes en paz.
Déjame hacerte una pregunta importante:
¿Has pensado que quizá estás viviendo abuso emocional sin darte cuenta?
Un ejemplo muy común de abuso emocional (quizá te suene…)
Ana está en pareja con Juan.
Un día, Juan la critica duramente:
—“Eres egoísta, siempre piensas solo en ti”.
Ana se queda dolida, confundida, empieza a preguntarse si realmente es así.
Horas después, Juan aparece cariñoso, le pide perdón, le dice que la ama y que tuvo un mal día.
Ana siente alivio. Respira. Piensa: “Ya pasó”.
Pero al día siguiente, sin motivo aparente, Juan la ignora. Está frío, irritable, distante.
Ana vuelve a sentir ansiedad. Revisa mentalmente cada palabra, cada gesto, intentando entender qué hizo mal.
Y así, una y otra vez.
Sin darse cuenta, la tranquilidad emocional de Ana depende completamente del estado de ánimo de Juan.
Entonces… ¿qué tiene que ver la ansiedad con el abuso emocional? Mucho más de lo que imaginas.
La ansiedad no aparece porque sí. La ansiedad aparece cuando vives en un entorno emocional inseguro, impredecible, donde nunca sabes qué versión de la otra persona te vas a encontrar.
Cuando hoy te hieren… mañana te dan cariño…y pasado te castigan con silencio o enfado.
Tu cuerpo entra en modo alerta constante. El ciclo que te mantiene atrapada (aunque no lo sepas)
Este tipo de relación suele seguir siempre el mismo patrón:
- Te hieren emocionalmente
Críticas, desprecios, silencios, indiferencia, humillaciones sutiles.
Empiezas a sentir culpa, dudas de ti, de tu valor. - Luego llega la “recompensa”
Cariño, disculpas, gestos bonitos.
Sientes alivio y esperanza. Piensas: “Ahora sí, todo va a estar bien”. - De repente, estallan o se enfrían sin motivo
Y tú vuelves a sentir ansiedad, miedo, confusión.
Empiezas a adaptarte, a callarte, a medirlo todo para no provocar el próximo conflicto.
Este vaivén emocional crea dependencia.
No porque seas débil, sino porque tu sistema nervioso se engancha a esos momentos de calma después del dolor.
¿Cómo se manifiesta esto en tu día a día?
Quizá te reconozcas en algunas de estas señales:
● Te repites mentalmente una y otra vez todo esta bien tratando de calmar” esa sensación”
● Estás siempre en tensión, como esperando que algo pase.
● Piensas demasiado antes de hablar o actuar.
● Dudas de tus propias emociones: “¿Estaré exagerando?”
● Te sientes responsable del mal humor del otro.
● Tienes ansiedad, pero no entiendes exactamente por qué.
● Te cuesta tomar decisiones o poner límites.
Y poco a poco, te vas perdiendo a ti. Algo muy importante que quiero que sepas: El amor no debería generarte miedo.
En una pareja sana la comprensión la empatía y el apoyo NO se cuestionan, se supone que para el otro lo que sientas y como te sientas e importante….No tienes que rogar por ser comprendida. El vínculo sano no te mantiene en ansiedad constante.
No tienes que ganarte el cariño de nadie soportando dolor.
Si tu cuerpo vive en alerta, si tu ansiedad aumenta dentro de una relación, eso no es casualidad. Es una señal.
¿Se puede salir de este ciclo?
Sí. Y el primer paso no es irte corriendo, ni enfrentarte, ni tener todas las respuestas.
El primer paso es darte cuenta.
● Poner nombre a lo que estás viviendo.
● Dejar de justificar lo injustificable.
● Empezar a escucharte a ti, no solo al otro.
● Buscar apoyo y acompañamiento emocional si lo necesitas.
Recuperar tu paz es posible.
Y no, no estás rota.
Para terminar, quiero decirte algo directamente a ti
Si te has sentido identificada leyendo esto, no es casualidad.
Tu ansiedad no es tu enemiga.
Es el mensaje de que algo en tu vida necesita cuidado, respeto y límites.
Y tú mereces una vida donde puedas respirar tranquila
